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La gripe Imprimir E-mail
Escrito por X. Arrieta   
Martes, 21 de Diciembre de 2004 22:00

¿Sabemos realmente qué es la gripe? ¿Cómo combatirla? ¿Por qué todos los años hay que vacunarse? En este artículo aprenderás un poco más sobre una de las enfermedades más comunes en invierno. 

 

 

Llegadas estas fechas a uno le vienen varias ideas a la cabeza; con el invierno llega la navidad, la ilusión, la alegría, el frío, las vacaciones… y la gripe, sin duda uno de los virus más conocidos e internacionales es estos días helados. Quizás si no fuera por las alertas de vacunación por parte de nuestro centro médico y anuncios de antigripales no sabríamos que fuese tan abundante su padecimiento y contagio, pero ¿sabemos realmente qué es la gripe? ¿Cómo combatirla? ¿Por qué todos los años hay que vacunarse? Si quiere vencer a una posible enfermedad lo mejor es el conocimiento para poder prevenirla.

La primera definición de la gripe data del año 412 a.C, produciéndose a lo largo de la historia hasta 31 pandemias causadas por esta enfermedad. Tres de ellas ocurrieron en el siglo XX (en 1918 la gripe española, en 1957 la gripe asiática y en 1968 la gripe de Hong Kong) siendo la más grave la de 1918 ya que causó entre 20 y 40 millones de muertos en todo el mundo. 

La gripe es producida por un virus que cambia constantemente produciendo nuevas cepas y evitando así su posible erradicación. Los virus son los microorganismos más pequeños y simples que se conocen. Se reproducen invadiendo una célula y usurpando su mecanismo reproductor, que utilizan para generar centenares de virus nuevos en un proceso muy rápido, que a menudo dura menos de una hora. La célula invadida, que muere en el proceso, estalla y suelta los nuevos virus, que penetran en otras células y repiten el proceso (ciclo lítico).

La gripe es una enfermedad vírica del tracto respiratorio que afecta comúnmente a los seres humanos. Se distinguen tres tipos de virus de la gripe: A, B y C.  Los virus de los tipos A y B son responsables de las epidemias de cada invierno, causando hospitalizaciones e incluso muertes. El virus de tipo C posee un efecto mucho más suave. No produce epidemias y sólo provoca infecciones sin síntomas o con cuadros clínicos poco trascendentes y en casos aislados. Su contagio es bastante sencillo. El virus pasa fácilmente de un huésped a otro a través de pequeñas gotitas de saliva (estornudos, tos…), de las manos, de objetos o a por cualquier contacto personal. Penetra en el cuerpo por el tracto respiratorio (bien por la boca o por la nariz) y su propagación es rápida sobre todo en zonas con alta densidad de población. Las bajas temperaturas y poca humedad permiten al virus sobrevivir largo tiempo fuera del cuerpo.

El periodo de incubación es aproximadamente de entre 18- 72 horas, desarrollando la enfermedad la mayor parte de las personas infectadas durante 6- 10 días. Sus síntomas son:

• Fiebre alta (39-40ºC)
• Fatiga, debilidad
• Cefaleas
• Dolores musculares y en las articulaciones
• Tos, estornudos
• Dolor de garganta
• Lagrimeo
• Congestión nasal

La mayoría de las personas se recuperan en una o dos semanas sin requerir tratamiento médico. En los grupos de riesgo tales como los niños, ancianos y enfermos de cualquier enfermedad con procesos crónicos puede llegar a tratarse como una enfermedad seria, ya que pueden darse complicaciones como la neumonía o incluso la muerte.

Por poner un ejemplo, en Estados Unidos causa cada año entre 150.000 y 200.000 hospitalizaciones y se estima que entre 10.000 y 40.000 defunciones como consecuencia de la gripe. Según la OMS cada año se producen en el mundo entre 250.000 y 500.000 muertes causadas por este virus, y que actualmente la mayoría de dichas muertes, en los países industrializados, ocurren en personas mayores de 65 años. Igualmente este virus produce el 10-12% de las bajas laborales, lo que conlleva a disminuir la productividad laboral y a aumentar los gastos médicos.

El mejor tratamiento es el preventivo: la vacuna, pero si ya es demasiado tarde lo mejor es reposo en cama y beber mucho agua. Recordar que para obtener el resto del tratamiento (en caso de necesitarlo) siempre se ha de consultar con el médico. La vacuna es más eficaz si la exposición a la infección se produce transcurrido un mes desde la vacunación y es raramente eficaz pasado el año. Posee una eficacia de protección del 70%, y para conseguir la mayor eficacia posible hay que tener en cuenta tres aspectos:


• Utilizar siempre la vacuna de ese mismo año
• Vacunarse todos los años
• Vacunarse en el 4º trimestre de cada año (preferentemente finales de septiembre principios de octubre)

Por orden de prioridad, la vacuna debe administrarse a:


• Grupos de alto riesgo anteriormente citados
• Grupos de riesgo moderado: adultos y niños con enfermedades metabólicas crónicas, insuficiencia renal, anemia, asma.
• Personal sanitario y familiares que se encuentren en contacto con pacientes de riesgo.
• La población en general.

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