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| El laurel |
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| Escrito por Gorka Bóveda |
| Jueves, 20 de Enero de 2005 19:54 |
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En la antigua Grecia la corona de laurel era el símbolo de la victoria y el triunfo, descubre el porqué en esta fascinante leyenda.
Desde hace siglos el árbol de laurel es el símbolo de la victoria. En tiempos de la legendaria Roma imperial los emperadores romanos se coronaban con coronas de laurel como símbolo de sus victorias, y antes que ellos, en la antigua Grecia, los ganadores en las olimpiadas eran agraciados también con este solemne distintivo. Para encontrar el origen de este peculiar simbolismo nos tenemos que remitir a la mitología clásica de la antigua Grecia. Y más concretamente a un mito en el que Cupido, Apolo y Dafne figuran como protagonistas. Narra la historia que Apolo (dios griego de la poesía, la belleza, el arte, la música y la adivinación) envidioso de Cupido quiso competir con éste en el arte de lanzar fechas. Cupido, enfurecido y lleno de cólera por el comportamiento de Apolo, tramó un plan para vengarse de él. El plan consistía en lo siguiente: lanzaría a Apolo una flecha de oro, que causa un enamoramiento inmediato a quien hiere, y otra fecha de plomo, que causa rechazo y repulsión, a la bella ninfa Dafne.
Decidido, Cupido ejecutó el maléfico plan hiriendo a ambos con sus flechas. Apolo, tras ser herido por la fecha de amor, vio a Dafne y sintiéndose locamente enamorado salió en persecusión de la ninfa. Por el contrario Dafne, que estaba herida con la flecha del rechazo, salió huyendo del dios. Cuando ya las fuerzas se le agotaban a la joven ninfa de tanto huir suplicó ayuda a su madre, la cual decidió transformar a su bella hija en un laurel.
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¿SABÍAS QUE...?
Las grandes pirámides de Egipto no fueron construidas por esclavos, como hemos visto reflejado en cientos de películas de Hollywood, sino que fueron construidas por trabajadores libres que recibían un salario por su trabajo. Es decir, eran obreros pagados por el faraón para la construcción de su morada eterna. |








Cuando Apolo alcanzó a su amada Dafne ya se encontraba en pleno proceso de transformación. Le salieron hojas, corteza y raíces hasta que no quedó nada de su figura original. Fue entonces cuando Apolo abrazó fuertemente el árbol y lloró amargamente mientras decía: “Puesto que no puedes ser mi mujer, serás mi árbol predilecto y tus hojas, siempre verdes, coronarán las cabezas de las gentes en señal de victoria.”