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Faetón, el hijo de Helio Imprimir E-mail
Escrito por Gorka Bóveda   
Domingo, 30 de Enero de 2011 12:00

El mito de Faetón, el hijo del dios del sol, nos muestra como los antiguos griegos daban mediante la mitología una explicación al mundo que les rodeaba.

 

 

 

 

Faetón era el hijo de Helio, el dios del sol en la mitología griega, y solía alardear de ello ante sus amigos quienes no creían su relato.  Incluso su madre dudaba seriamente de la veracidad de tal hecho, por lo que un día animó a Faetón a visitar a Helio y que el dios despejara definitivamente la duda.  El joven decidió entonces emprender un viaje hasta el palacio del dios para realizarle personalmente la pregunta.

 

 

Cuando Faetón llegó al fantástico palacio del dios sol no pudo aproximarse a su padre, debido a los intensos rayos que despedía la cabeza de Helio.  El dios en ese momento apartó con una mano los rayos que cegaban a su hijo mostrando en todo su esplendor su bello rostro. En aquel momento, Helio confirmó a Faetón ser su auténtico padre y juró concederle todo cuanto él quisiera.  Fue entonces cuando Faetón pidió a su padre su deseo: poder conducir el carruaje del sol durante un día entero.

 

El padre de Faetón intentó disuadirle de su empeño, pero el joven insistió tanto que el dios finalmente no tuvo más remedio que aceptar la petición de su hijo.  Helio untó entonces el cuerpo de su hijo con aceite para protegerle de los intensos rayos solares y le indicó la ruta que debía seguir durante su viaje, de oriente a occidente.

 

Faetón cogió las riendas del carruaje y decidido inició su marcha. Los caballos alados que tiraban del carruaje se elevaron rápidamente sobre el suelo dirigiéndose al cielo.Ya en el aire Faetón, por su falta de experiencia y la bravura de los corceles, perdió el control del carruaje y los caballos desbocaron. Fue entonces, cuando el joven aterrorizado no pudo impedir que el carruaje se precipitase hacia el suelo quemando a su paso una parte de tierra.  Debido a ello, parte de la fértil tierra de África se convirtió en un desierto y algunas de sus gentes se quemaron adquiriendo desde aquel momento el característico color negro de su piel.

 

La alarma saltó entre los dioses. El peligro de que Faetón destruyera totalmente la tierra hizo intervenir a Zeus. El poderoso dios supremo del Olimpo lanzó un certero rayo que detuvo el carruaje y Faetón cayó envuelto en llamas a la Tierra. Después los dioses enviaron unas intensas lluvias que permitieron enfriar la temperatura y evitar así la destrucción del mundo.

 

 

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