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Escrito por Gorka Bóveda   
Miércoles, 12 de Enero de 2005 15:00

A veces, la realidad parece sacada del argumento de una película de terror. Descubre esta increíble historia.

 

 

Estarán tan acostumbrados a ver a los zombies en películas de terror, mezclados con otros seres del género como el hombre-lobo, Frankenstein o el legendario Drácula, que les parecerá mentira encontrarse con un titular como el de este artículo y tomárselo en serio. Pero es que, a veces, la realidad supera a la ficción. Desde +cultura.com les queremos acercar una realidad tan increíble que parece sacada del argumento de una película de Hollywood.

Existe un lugar en la Tierra donde hablar de zombies es algo cotidiano, tan normal como puede ser para nosotros, los occidentales, oír hablar de un accidente de tráfico o de la subida de los precios. Ese lugar es Haití. En este país es normal leer en un periódico la aparición de un zombie, e incluso se encuentra legislado por ley la pena por la acción de “zombificar” a alguien.

Por si alguien lo desconoce Haití es el país más pobre de Latinoamérica y se encuentra en los primeros puestos del ranking de países con mayor índice de pobreza mundial. En Haití se practica el vudú (que significa “misterio” en dialecto Yoruba) como religión. El vudú es una mezcla entre la religión que los esclavos africanos llevaron a Haití y el cristianismo de los franceses que habitaban la colonia. Se basa fundamentalmente en la creencia de unos loas (espíritus) que intervienen y determinan la vida de los hombres. Para los seguidores del vudú no existe el azar: las enfermedades, las muertes, los matrimonios... todos son consecuencia de la intervención de los espíritus. Para contactar con los loas hay una serie de brujos, llamados bokors, que supuestamente tienen la capacidad de invocarlos y comunicarse con ellos. Y son estos últimos los que pueden transformar a un hombre en un zombie, lo que en Haití se conoce como zombificar.

El proceso de zombificación se realiza mediante la creación por parte de un bokor de los llamados polvos zombies. Dichos polvos se encuentran compuestos por varias sustancias (la mayoría aún indeterminadas), entre ellas un potente veneno que se extrae del pez globo: la tetradotoxina. Este polvo zombie es aplicado a la víctima que al inhalarlo cae en un estado de catalepsia profundo, reduciendo así sus constantes vitales. A la víctima entonces se le da por muerta y es enterrada por sus familiares. Es entonces cuando el bokor desentierra al zombie y le hace ingerir una pasta compuesta por atropina y escopolamina, que son dos potentes disociadores alucinógenos que tienen un fuerte impacto sobre el sistema neurotransmisor del cerebro. El resultado es que la victima pierda la conciencia, debido a los graves daños cerebrales, y se convierta así en una especie de zombie que obedece fielmente las ordenes de su bokor. La victima se convierte en el esclavo del hechicero que lo utilizará para diversas labores.

Un elemento característico de los zombies es su mirada fija y perdida, que Hurston describía así: “la cara era inexpresiva y la mirada fija. Los párpados eran blancos, como si los hubieran quemado con ácido”.

Es tal el miedo que existe en Haití a la zombificación que las familias entierran a sus muertos cerca de sus casas para poder vigilar que nadie profane sus tumbas y conviertan a sus difuntos en zombies. Incluso hay familias que inyectan veneno al cuerpo del fallecido antes de enterrarlo para constatar la defunción del mismo y la imposibilidad de los bokors para zombificarle.

 

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