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| Nueva Zelanda (segunda parte) |
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| Escrito por Mónica Sánchez Matute |
| Martes, 13 de Enero de 2009 11:00 |
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Otros horizontes en North Island Seguimos el itinerario marcado en North Island. En la ruta turística por tierras maoríes no podían faltar el agua espumosa del mar y el contacto con la arena fina de playas y dunas sosegadas. Y eso ofrecen los alojamientos de Hokianga Haven B&B en Omapere y Siesta Guest Lodge en Ahipara. A través de los ojos, te nutres de la presencia marina que intensamente relaja todo tu ser para fundirte con el paisaje. Muchas plantas autóctonas crecen en este entorno gracias a sus medios de adaptación, como sus duras hojas, capaces de retener la humedad durante la sequía. Es muy probable que te encuentres al albatros real desplegando sus hermosas alas o a los leones marinos, descansado sobre las rocas. La excursión programada a Cape Reinga requiere llevar ropa y calzado cómodo a fin de explorar a conciencia el Gumdiggers Park&Ancient Buried Kauri forest , la playa de Rarawa y las dunas de Te Paki. Fascinantes son los sonidos que emiten aves propias de la región como el kiwi, el kakapo, el takahe, el petirrojo negro y el kea. Actualmente estas especies de pájaros antiguos sobreviven en número limitado y se están haciendo grandes esfuerzos para asegurar su supervivencia. Para adentrarnos en la filosofía del lugar previamente has de saber que una de las creencias maoríes. Éstos señalaban Cape Reinga, y más concretamente las raíces de un viejo árbol pohutukawa, como el punto de partida donde los espíritus de los muertos iniciaban su viaje hacia Hawaiki. Otra tradición es recoger kai moana (animales marinos). La gente suele buscar tuatua, un molusco que existe en la zona de Ninety Mile Beach en grandes cantidades. También se recogen paua (otros moluscos) a lo largo de la playa. El Gumdiggers Park&Ancient Buried Kauri forest es la antigua industria de la resina. Cuando los inmigrantes del siglo XIX agotaron los bosques de kauri comenzó a surgir una nueva industria. La resina exudada por los árboles se convirtió en un artículo de valor en la producción de barnices. Para indicar la localización de pedazos de resina, se clavaban largas varas en el suelo cerca de los árboles muertos. Hoy día los recuerdos de resina de kauri, conocidos como ámbar, se venden como recuerdo típico. La resina se talla y pule para hacer colgantes y otros pequeños objetos. Algunas veces pueden verse atrapados dentro de ellos insectos o trozos de helecho. Lanzarse en tobogán por las dunas de Te Paki conlleva estar en forma para subir cuesta arriba el enorme ascenso. Pero luego, la sensación de libertad al deslizarse por la pendiente alcanza su máximo sentido… Y más si previamente has dado un rodeo en el autocar safari que realiza el recorrido de las Ninety Mile Beach. Antes de despedir a North Island cabe resaltar Wellington, la capital. A lo largo de las décadas de 1980 y 1990 la ciudad se fue transformando en un vibrante lugar enfocado a la cultura. Su fuerte carácter artístico puede contemplarse y sentirse en el Museum of New Zealand Te Papa Tongarewa, el Royal New Zealand Ballet, la New Zealand Symphony Orchesta, la New Zealand School of Dance, etc. Recordar que cada ciudad o pueblo de North Island ofrece puntos de información a los que se puede recurrir para orientarse. El español es un idioma que difícilmente se habla, por eso es aconsejable hacer previamente un curso acelerado de inglés o perfeccionar el mismo. Paso a paso por South Island Guiados por los consejos de otros que experimentaron una buena degustación, acabas haciendo parada en el pueblo de Havelock. La capital mundial del mejillón de labios verdes, provocará en el interesado una satisfacción culinaria en el Restaurante Live Mussels ¡un recuerdo para el resto de la existencia! Y después un recorrido por los pequeños comercios artesanales que están ubicados en las proximidades. La talla en piedra verde es un bonito regalo, símbolo de este pueblo. Hokitika posee todos los encantos de una bella ciudad: amplias calles, edificios históricos y estudios de artesanos locales. De un pueblecito de chozas en 1864 pasó a ser un bullicioso centro comercial gracias al oro en 1866. Los tres puntos turísticos más atractivos residen en Dorophy Falls, una espectacular cascada y los lagos Mahinapua y Kaniere. Ambos son tranquilos retiros en los que pasear en bote, pescar y nadar. La ciudad pesquera de Ross, 28 kilómetros al sur de Hokitika, cuenta con un museo local dedicado a la historia minera. Una serie de senderos conducen por antiguos yacimientos mineros, y fue aquí dónde se encontró la pepita de oro más grade del país en 1909. Actualmente la zona vuelve a ser explorada, ya que se piensa que todavía queda oro. Y en la tercera entrega de Nueva Zelanda leerás más curiosidades sobre Dunedin, el glacial Franz Josef, Wanaka, Twizel…
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