Art. Notebooks.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Hace unos días fui a ver a un amigo para resolverle un problema que tenía con un ordenador nuevo que le habían regalado en su empresa habida cuenta de que los iban a tirar. Se trataba de un pequeño portátil, el más antiguo que he visto en mi vida, y he visto muchos. Fijaos cómo debía ser que tenía disquetera y lector de cd-r ¡externos! y ambos se conectaban al ordenador mediante un cable innombrable que ya no se fabrica. Mi amigo lo quería para su niña, para que hiciera en él sus trabajos de clase. Al final el portátil acabó en la basura porque repararlo costaba más que uno nuevo.
La zagala se alegró, porque decía que ese ordenador era muy feo. La cuestión de que le hubiera podido salir gratis a sus padres resultaba secundario. ¡Estos críos!
Esto me lleva al tema principal del artículo: los notebooks en las aulas. Estos pequeños ordenadores de 10 pulgadas de pantalla están haciendo furor entre los chavales. Los colegios de toda España los están adoptando para sus alumnos gracias a un programa de modernización.
Ya era hora de que llegase el progreso a los colegios. Y Así es como a partir de ahora trabajan los niños: todos con un ordenador que contiene todo lo que necesitan. Y lo que no tienen lo buscan por internet.
Hasta aquí digamos que todo va bien: hay que adaptarse a los tiempos. Sin enbargo cuando uno lo piensa detenidamente se da cuenta de que no todo es color de rosa.
Mis amigos, padres de la mocosa de once años, antes citada, no ven con buenos ojos la idea de que los niños -al menos, su hija- tengan un ordenador de esos, un notebook, en préstamo: es decir, el colegio se lo entrega el año académico en curso y debe devolverlo cuando termine. Digo que no les gusta la idea porque poniéndose en lo peor razonan que el portátil podría extraviarse o romperse, lo cual, no es una temeridad exagerada. Ya se sabe lo poco cuidadosos que son los chavales. Y en caso de avería o extravío, tendrían que pagar el equipo. Para ello, piensan, mejor le compran uno, así lo tiene en propiedad que además, si lo cuida, le puede durar por años. Y en esas están. La cría dando botes, como no podía ser de otra manera, mis amigos echando cuentas. Y no es para menos: un cacharro de esos cuesta entre 250 y 300 euros, como mínimo. Aunque hay modelos más caros. Por pagar que no quede.
Al final va a resultar que la idea de la modernización tecnológica no va a ser tan alegre como se pensaba. Y es que, cuando uno se pone a pensar fríamente y ubica debidamente la situación en la realidad, las cosas no son tan bonitas como parecen a primera vista. Todo se vuelve gastos.
A parte de todo esto, yo, para mí, pienso y razono lo sgte: ¿no será malo después de todo para los niños trabajar todos los días con un notebook? Haceos cargo de mi excepticismo: 6 horas todos los días con la vista en la pantalla, más lo que hagan después en casa... ¡Mmm! ¡Si ya al poco rato de leer en el ordenador a muchos les duelen los ojos! ¡Y ellos van a estar leyendo 6 horas todos los días! ¡Acabarán ciegos! O como poco con problemas visuales de consideración, ¿no creéis? Por cierto, que un político, creo que del pp, se atrevió a decir algo así y en el periódico el país el articulista se tomó a chanza la idea. Ya veremos si es tan ridícula la idea al final.
Cierto es también que ya existe la tinta electrónica, el llamado e–ink, que se usa en los lectores de libros electrónicos, aunque todavía no en los notebooks. Quizás los próximos modelos lo tengan incorporado, sustituyendo así al cristal líquido ¿quién sabe? ¡Además está la cuestión de la espalda! Todo el tiempo encorvados para ver un pantalla ridícula... Van a acabar hechos un ocho.
Al principio del artículo mencioné que la idea de informatizar las aulas es estupenda. Y no me retracto. Lo es: pero esta forma de hacerlo, o sea, mediante el uso de microordenadores, a pesar de ser muy manejables, adolecen de serios inconvenientes para la salud, razón por la cual habría que ser más cautelosos a la hora de proponerlo como uso cotidiano para niños, cuya estructura ósea se está formando aún y debe por ello educarse correctamente para prevenir problemas de salud en el futuro. De lo contrario, me temo que será peor el remedio que la enfermedad.
He dicho.
