lunes, 09 de noviembre de 2009
Postdata: como no sabía dónde ponerlo, aquí se queda. Espero que os interese mi reflexión. Allá va:
Con el lenguaje oral se inició la cultura humana, el cúmulo de ideas que, a lo largo de muchos miles de años, fue dando pie a conceptos forjadores de símbolos. Cierto es que el lenguaje oral no es exclusivo de la especie humana. Se tiene conciencia fidedigna de que todos o la mayor parte de los seres vivos poseen su propio lenguaje, algunos complicadísimos, como las abejas, por ejemplo. Los delfines tienen su propio código, que los científicos han logrado averiguar. Los perros, los gatos, los chimpancés… Por tener, incluso las moléculas disponen de uno lenguaje, aunque sólo sea para codificar los ácidos nucleicos y configurar así la asimilación de proteínas. La única diferencia entre estos lenguajes animales y de microorganismos en comparación con los que poseemos los seres humanos, es que nosotros hemos diversificado enormemente este terreno, dándoles formas especiales y configurándolo como una cultura especial.
Considerando el ser humano en su conjunto el lenguaje oral lleva conviviendo entre nosotros cientos de miles de años, y sólo en los últimos 5000 años dio paso al gran invento de la humanidad: la escritura. Si pensamos detenidamente lo que esto significa resulta abrumador: 5000 años para llegar a través de él al cúmulo de saber actual. Sin embargo, no es la única revolución cultural que se ha producido. La evolución lingüística escrita ha llegado aún más lejos. Podríamos mencionar como siguiente hito histórico de la escritura el lenguaje musical. Las notas musicales y sus reglas de estructuración, que han permitido dotar a la música en su conjunto de un cariz científico y de alta precisión.
El lenguaje musical escrito surgió en la edad media, con unos símbolos muy distintos a las notas musicales actuales; unos símbolos llamados «neumas», de resulta de lo cual al sistema en sí llamaba Sistema Neumático, y se escribía como se escriben las letras en un alfabeto corriente, es decir, sin líneas rectas, sin pentagrama alguno, sólo a base de garabatos especiales para definir las notas graves de las agudas. El pentagrama es una evolución de este método neumático, obra de un monje italiano llamado Dildo de Adrezzo en el siglo XI, o sea, hace casi mil años. Dildo de Adrezzo creó primeramente un sistema de cuatro líneas (el llamado «tetragrama»), y luego le añadió una línea más, dando origen al actual pentagrama.
Aún el lenguaje escrito ha creado otros tipos de avances insospechados. Me viene a la cabeza el lenguaje informático. El lenguaje informático escrito más antiguo es el código a máquina, que tiene cerca de 60 años, y luego llegó el primero de uso humano, para que los seres humanos pudiesen «conversar» con una máquina, un ordenador. ¿No es increíble?
El último código que me viene a la cabeza y que puede considerarse a mi juicio el actual eslabón del lenguaje escrito podría ser el «código genético», que se acaba de descifrar hace relativamente pocos años, uno o dos lo más (o sea, ya no hablamos de décadas, hablamos de ahora mismo), y que permite (nos guste o no) diseñar seres vivos a medida.
Es tan imparable el avance científico y tecnológico en materia de sacarle rendimiento a la escritura, los códigos y los símbolos que un servidor no puede por menos que preguntarse, ¿cuál será el próximo paso, el próximo avance, el próximo lenguaje? ¿Será el lenguaje telepático, quizás? Y de ser así ¿Cuánto tardará en llegar? ¿Estará mañana? ¿Lo tendrán ya, en secreto?
Si es así, me pregunto si este último lenguaje se hará extensible al resto de seres humanos, o sea, si disfrutaremos de él, como hemos disfrutado de todo lo anterior. Quizás sí, quizás no. Yo personalmente estoy un poco mosca al pensar en esto, porque, fijaos, amigos que me escucháis: de todos los lenguajes inventados hasta ahora, el último, el genético, sigue siendo un misterio para el gran público; de él sólo sabemos que existe por las notas de prensa que nos llegan, y que tienen como fin, me consta, darnos una apariencia de cercanía, mencionando cuestiones médicas salvadoras para ocultar así mejor la segunda verdad, o sea, los usos malévolos y militares que a buen seguro también se practican con él. En fin, ya veremos, el tiempo hablará por sí solo.
He dicho.
