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| Napoleón Bonaparte |
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| Escrito por Manuel Prieto B. |
| Lunes, 01 de Febrero de 2010 10:00 |
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Napoleón Bonaparte es un personaje histórico de sobra conocido por todos, idolatrado por algunos y vilipendiado por otros, no cabe duda de que cambió radicalmente el panorama sociopolítico europeo. Si nos preguntasen por la calle qué sabemos acerca de Napoleón Bonaparte, muchos lo citaríamos como el invasor bajito que nos ocupó hace doscientos años. Otros, como el gran conquistador del siglo XIX, que llegó a tener Europa en su mano, y otros, como uno de los grandes revolucionarios. Pero, ¿quién fue realmente Napoleón Bonaparte? Napoleón nació en Ajaccio, Córcega el 15 de Agosto de 1769, un año después de que la isla fuese comprada por Francia. Hijo de un abogado independentista llamado Carlo di Buonaparte y de Letizia Ramolino fue el segundo de ocho hermanos. Cuando el joven Bonaparte sólo contaba con 10 años, fue enviado a la escuela militar francesa de Brienne-le-Château gracias a una beca real que consiguió su padre para él y su hermano José. En esta escuela aprendió los primeros rudimentos militares a la vez que se le trataba duramente, no sólo por la férrea disciplina del colegio, sino por el desprecio de sus compañeros hacia él, al considerarlo inferior por ser corso. Como consecuencia de esto, en ese periodo se volvió bastante taciturno. Tras graduarse en el año 1784, el joven Napoleón ingresó en la École Royale Militaire de París, donde estudió artillería. Acabó los estudios en septiembre de 1785, cuando se le otorgó el cargo de teniente segundo de artillería. Después de servir un tiempo en Valence y en Auxonne, se vio sorprendido por la revolución francesa. En aquellos momentos se hallaba en Córcega, donde apoyó a la facción Jacobina, aunque no tardó mucho en enfadarse con Pasquale Paoli, antiguo héroe de Napoleón. Esta enemistad causó su forzosa huida de la isla, después de que Paoli y sus compinches quemasen su casa de Ajaccio. Tras estos acontecimientos y tres días después de su matrimonio, fue destinado a la campaña de Italia por las fuerzas revolucionarias, donde pronto destacó por su astucia y capacidad estratégica, logrando expulsar a los austriacos de Lombardía y derrotando al ejército papal. Sin embargo, desoyó las órdenes del directorio de marchar contra Roma para destronar al pontífice. Sin duda prefirió forzar a los austriacos a firmar una paz, derrotando sucesivamente a cuatros ejércitos superiores en número al suyo. En Italia empezó a lograr su imperecedero prestigio militar, por lo cual fue destinado por el directorio a la conquista de Egipto e intentar llegar a la India, haciendo presión sobre los ingleses para que se retirasen del Mediterráneo. Pese a lo que pueda parecer, Egipto fue un verdadero infierno para Napoleón y sus hombres. En él no sólo tuvieron que enfrentarse a los fieros mamelucos y a la Royal Navy inglesa, sino también a las horribles tormentas de arena, las insufribles temperaturas y la hostilidad de la población local, que les veía como seres extraños. Esta época pudo ser probablemente de las peores a las que se tuvo que enfrentar el gran corso. No obstante, no se puede decir que no fuese una etapa fructífera en su vida, de hecho, encontró la piedra Rosetta, que permitió entender los jeroglíficos egipcios. De este periodo resaltamos la batalla de las pirámides, en la cual Napoleón venció a 100.000 mamelucos sólo con 25.000 hombres, un gran logro que le permitió asentar el dominio francés en el Nilo. Aun así, el triunfo fue efímero, tras el cual regresó a Francia, donde protagonizó el golpe de estado del 18 de Brumario contra el directorio. El golpe de estado no fue ocurrencia de Napoleón, sino del director Sieyes debido a la bancarrota del directorio y la impopularidad de este. Sieyes Intentó hacerse el gobernante absoluto de Francia, pero Napoleón estuvo más ágil que él para pregonar la Constitución del Año VIII, la cual convertía a Napoleón en primer cónsul, y posteriormente en cónsul vitalicio. Aquí es donde realmente empezó el mandato de Napoleón Bonaparte.
El poder del corso era tal que en 1812 emprende la titánica invasión de Rusia, hasta entonces aliada suya. Penetró desde la frontera polaca al mando de un ejército de 600.000 hombres, muchos de ellos provenientes de España, la que fue úlcera de Napoleón. Los franceses lograron tomar Moscú, sin apenas sufrir bajas, pero esto de nada sirvió al encontrar la ciudad quemada, en un previsor acto de los rusos. Ante la nula intención de Alejandro I de rendirse y el temor a una insurrección en Francia, Napoleón decide volver a París. De los 600.000 hombres que emprendieron la conquista de Rusia, sólo regresaron 40.000, la mayoría muertos por el crudo invierno ruso. Esta humillante derrota colapsó el imperio napoleónico, acosado por británicos, rusos, españoles y austriacos. En el 31 de marzo de 1814, París cayó ante los ejércitos de la coalición antinapoleónica. La situación era tan complicada que el emperador Napoleón se vio obligado a abdicar a favor de su hijo, y luego incondicionalmente. Tras perder el imperio, fue desterrado a la isla de Elba, situada entre Córcega e Italia. Allí se le permitió conservar vitaliciamente su título de emperador y mantener una pequeña corte, aunque muy controlado por los británicos. Aún así, poco duró Napoleón en la isla italiana, ya que sabiendo el poco afecto de los franceses a su recién restaurado rey Luis XVIII y los planes de los ingleses para desterrarle a Santa Helena, decidió volver a Francia.
Finalmente, durante el largo día del 18 de junio de 1815, Napoleón fue derrotado en Waterloo frente a un combinado de tropas anglo-prusiano. Esta derrota selló para siempre el destino de Napoleón quien tuvo que volver a abdicar y ser desterrado, pero esta vez sin título imperial. Su nuevo destino fue Santa Helena, enclavada en el Atlántico sur. Allí dictó sus memorias y murió en el año 5 de mayo de 1821, envenenado, según se ha comprobado. Sus restos fueron trasladados a Francia en 1840, por orden de Luis Felipe I. Así es como acabó la vida del mayor revolucionario, gobernante y estrategia de toda nuestra historia moderna, del hombre que revolucionó Europa.
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¿SABÍAS QUE...?
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No satisfecho con el cargo de primer cónsul en 1804 decidió coronarse emperador de los franceses, en una fastuosa ceremonia oficiada en Reims a la que acudió el papa Pio VII, quien no coronó al emperador. No mucho después también se hizo con el trono de Italia, coronándose en Milán con la corona Férrea, que, según se dice, data de tiempos del emperador Constantino I el Grande. Al poco tiempo decidió también coronar a sus hermanos como reyes. De esta forma José Bonaparte, hermano mayor del emperador, recibió la corona de Nápoles y luego, la de España. Luis recibió la de Holanda y Jerónimo la de Westfalia.
Nada más desembarca, fue sorprendido por el quinto regimiento de línea, comandado por su ex mariscal Michael Ney, quien nada más verle se pasó su bando. En el 20 de marzo, de 1815, llegó a Paris, aclamado por la muchedumbre y sin disparar un solo tiro. El rey, Luis XVIII, había huido días atrás. Nada más poner pie en París el corso reunió un ejército de 200.000 hombres y se lanzó a detener a los británicos, que habían desembarcado en Bélgica y amenazaban suelo francés.