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| La Navidad |
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| Escrito por X. Arrieta |
| Martes, 02 de Diciembre de 2008 12:00 |
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Muchas de las costumbres que se celebran en Navidad no se saben concretamente de dónde proceden. Incluso se desconoce la historia de muchos de sus personajes protagonistas, pero aún así nos siguen trayendo nuestros mejores deseos y los presentes que cada año les pedimos por estas fechas. Ya es hora que sepamos un poquito más sobre la Navidad. El árbol de Navidad se originó en la tradición ancestral del culto a los espíritus de la naturaleza. Simboliza la fecundidad y la mortalidad y fue "cristianizado" en la Germania del siglo VII, aunque no se instaló su tradición hasta finales del siglo XVI en los países nórdicos.
El concepto del belén actual proviene de Francisco de Asis, que, en la Navidad de 1223, celebró la misa dentro de una cueva de Greccio en la que había instalado un pesebre con una imagen en piedra del Niño Jesús y un buey y un asno vivos. La escenificación del mismo llegó por primera vez a la península ibérica en el siglo XVII, traído desde Nápoles por encargo de Carlos III. Como ya es sabido, el día más importante de la Navidad es el 25 de diciembre, día en el que se supuestamente nació Jesús hace más de 2.000 años. Pues bien, la verdadera fecha del nacimiento de Jesucristo es desconocida y fueron los primeros Papas de la iglesia en el siglo IV los que establecieron ese día como el más conveniente. Se tomó esa fecha como la más indicada porque coincidía con el antiguo festival romano de Saturnalia (17 - 21 de diciembre), una tradicional festividad pagana con tumultuosas y revoltosas celebraciones. Adicionalmente, en el año 273 el Emperador Aureliano había inventado una nueva religión pagana, el culto del Sol Invicto (sol invencible, el mismo que la diosa iraní Mithra), coincidiendo también el nacimiento de este dios el 25 de diciembre (nacimiento del sol invicto). Los sacerdotes cristianos obviamente vieron la adopción de esta fecha como doblemente meritoria: usando la antigua costumbre y la fecha de esta festividad popular pero cambiando los ásperos ritos paganos en una más civilizada conmemoración. Lo cierto es que primera mención al nacimiento de Jesús viene desde el año 354. Gradualmente las iglesias cristianas, a excepción de los armenios (que lo celebran el día 6 de enero, fecha que para otros es la fecha del bautismo de Jesús y el día de los Tres Reyes Magos), aceptaron esa fecha. En la tradición inglesa/norte americana el día de Navidad es el día de Santa Claus y en la tradición alemana/escandinava la víspera de Navidad está reservada para los presentes. El personaje de Papá Noél, o Santa Claus, es una figura muy reciente, hija de la imaginación de dos escritores neoyorquinos, nieta de la devoción de holandeses errantes, y real gracias a un dibujante satírico y a la publicidad de la Coca-Cola. La figura de Santa Claus se construyó sobre la de San Nicolás, obispo turco del siglo IV cuyo mito y culto se expandió por toda la Europa medieval. La imagen familiar de Santa Claus se introdujo en Estados Unidos en el siglo XVII procedente de Holanda, si bien tiene su origen en Alemania, a mediados del XIX; sus raíces se encuentran en la antigua cultura popular de Europa y su celebración se ha extendido en todo el mundo, principalmente Estados Unidos y la mayoría de los países de América Latina.
En Alemania se le llamó Sankt Nikolaus, y Sanct Herr Nicholaas o Sinterklaas en Holanda. En estos países se decía que cabalgaba por el cielo en un caballo repartiendo regalos. Vestía como un obispo y a veces iba acompañado por Black Peter, un elfo cuyo trabajo consistía en azotar a los niños malos. En un principio, el día de San Nicolás en el se recibían los regalos se celebró el 6 de diciembre. Tras la Reforma, los protestantes alemanes dieron más importancia al Christkindl (Niño Jesús) como donante de regalos el día de su fiesta, el 25 de diciembre. Cuando la tradición de Nicolás prevaleció, se incorporó a la Navidad. En 1969, el papa Pablo VI suprimió la festividad de San Nicolás del calendario católico como la de otros personajes legendarios cuyas vidas estaban poco documentadas. Irónicamente, el término Christkindl ha evolucionado hasta convertirse en riss Kringle, otro apodo de Papá Noel. Existen otros repartidores de regalos de Navidad en el folclore europeo, como Père Noël en Francia, Julenisse en Escandinavia y Father Christmas en Inglaterra, todos relacionados con San Nicolás, Sister Klaas en Holanda que dio lugar al Santa Claus estadounidense. Grandes protagonistas son también los Reyes Magos. Son los tres reyes que, guiados por una estrella, fueron de Oriente a Belén para adorar al Niño Jesús. Así, la tradición popular ha ido perfilando las figuras de los tres majestades, a quienes el evangelista llama Magos. Fue San Cesáreo de Arlés quien, en el s. VI, los clasificó de Reyes Magos, extendiéndose entonces por la cristiandad el apelativo. De su país de origen, sólo dice San Mateo que procedían de Oriente. Los testimonios más antiguos de la Iglesia de Siria y de los padres griegos afirman que procedían de Persia, donde, como es sabido, existía la casta de los magos o astrólogos. Otros hablan de Caldea, de donde surgió la astrología. También se sabe que hasta el siglo IV los Magos fueron dos, cuatro, seis, doce o sesenta, según fuera la tradición.
Aunque parezca increíble, los Reyes Magos no empezaron a traer juguetes a los niños hasta mediados del siglo XIX, época en la que empezó a popularizarse la imprescindible "carta a los Reyes". También podemos encontrar entrañables personajes que reparten felicidad y regalos en ambitos más locales. Por ejemplo, el Olentzero de los vascos. La figura del Olentzero, tal y como hoy la conocemos, constituye la mezcla de una serie de fenómenos culturales que fueron tomando la forma actual, y cuyo punto de unión ha sido solamente la coincidencia temporal y territorial. El Olentzero no ha sido siempre y en todo lugar un hombre bonachón, carbonero que baja de las montañas para anunciar el nacimiento del niño-dios. La primera referencia al nombre del Olentzero es de Lope de Isasi a comienzos del siglo XVI, comentando que aquí se celebraba la Navidad con el nombre de "Onentzaro" significando "tiempo de los buenos". Probablemente Lope de Isasi hablaba de una invocación de los ritos paganos, religión muy extendida en esta tierra hasta el siglo VIII, que incluía como uno de sus ejes y, por tanto, celebración de gran importancia. El solsticio de invierno. Por lo tanto, podemos decir que el Olentzero, en realidad, es la reminiscencia de la celebración del solsticio de invierno, que la iglesia católica renombró como fiesta de la Natividad. Durante muchos siglos, la forma de realizar fiestas en ambientes rurales y pobres por añadidura era la de la puxka biltze: se iba de casa en casa, a veces haciendo alguna actividad alusiva a la festividad en curso (danza, canto...) y pidiendo comida para que los jóvenes del pueblo pudiesen hacer una merienda.
Otras pequeñas costumbres de adornan la Navidad son el muérdago, considerado como un talismán que da suerte y felicidad desde la antigüedad y de gran costumbre romana, los turrones, que se incorporaron a la mesa de Navidad en el siglo XVI, o el roscón de Reyes, originario de la edad media. Todos ellos no son más que meros acompañantes del día más importante y más ilusionante de todo el año: El día de Navidad.
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Descubre el origen de las costumbres que llenan estos días de Navidad.
Tras la guerra de los 30 años (1618-1648) la tradición del árbol fue introducida por los suecos en Alemania. En 1765, teniendo Goethe 16 años, quedó asombrado al ver por primera vez en Leipzig (Alemania) un abeto adornado e iluminado. En la primera mitad del siglo XIX penetró en Austria, Gran Bretaña y Francia. De hecho, en Francia el primer árbol de Navidad fue introducido en 1840 por la duquesa de Orleáns. Después se difundió rápidamente por la mayoría de los países europeos, haciendo sombra al tradicional belén. Asimismo, los adornos que hoy en día colocamos en el árbol, fueron creados en el siglo XVIII por los sopladores de vidrio de Bohemia.
San Nicolás fue un obispo de Asia Menor del siglo IV, famoso por salvar marinos atrapados en la tormenta, defender a los niños y, sobre todo, por dar generosos regalos a los pobres, según una antigua leyenda cristiana.
Los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar se popularizaron en la Iglesia desde el s. IX, siguiendo el texto del venerable Beda, en su Collectánea, recogido en la tradición y que ha perdurado hasta ahora: Melchor, anciano de barba blanca, que ofreció el oro, como corresponde a un rey; Gaspar, joven y rubio, rasurado, incienso, como corresponde a Dios, y Baltasar, negro y con barba, mirra, como corresponde a un hombre. Es más, en el siglo XV, Petrus de Natalibus fijó que Melchor tenía sesenta años, Gaspar cuarenta y Baltasar veinte. Una descripción física que discrepaba mucho de todas las anteriores. También hay que destacar que Baltasar fue blanco hasta el siglo XVI, época a partir de la cual se le representó como de raza negra por necesidades estratégicas de la Iglesia.
Esto también ocurría en el caso del Olentzero. Los jóvenes del pueblo iban de casa en casa, a veces con un muñeco, o incluso a veces con uno de ellos disfrazado de carbonero glotón y bebedor (tenía que serlo, ya que decían que pedían para él, y cuanto más coma y más beba más recolectarán). Esto hace que el personaje del Olentzero tenga estas características, e incluso hay quien hace venir el nombre del Olentzero de esta actividad (Oles egitea) - cantar, aroa-tiempo, tiempo de cantar). 